La Orquesta Sinfónica de El Salvador, declarada por la Asamblea Legislativa como Patrimonio Cultural Vivo de El Salvador, celebra este mes sus 95 años de fundación con la realización de su XV Concierto de la Temporada Sinfónica 2017.

Los conciertos se realizarán los días 13 de diciembre, en la Gran Sala del Teatro Nacional de San Salvador, a partir de las 6:30 p. m., y 14 de diciembre, en el Teatro Presidente, a partir de las 7:30 p. m., este además en el marco de la conmemoración del XXXIV aniversario de la Constitución de la República. Ambos conciertos serán gratuitos.

El programa estará conformado por la suite del “Pájaro de fuego”, de Igor Stravinsky, y será dirigido por el maestro German Cáceres, director titular de la OSES. Asimismo, se presentará la suite del ballet “El cascanueces”, de P.I Tchaikovsky, dirigido por el maestro Irving Ramírez, director asociado de la OSES. Be a Dancer dirigido por las maestras María Elena y Diana Aranda, pondrán el toque de danza a esta importante celebración, ya que acompañarán con “Hada de azúcar”, “Danza rusa”, “Vals de las flores” y “Danza árabe”, entre otras piezas de“El cascanueces”.

El Coro Nacional de El Salvador, dirigido por el maestro Julio García Polanco, tendrá una participación especial en estos conciertos, ya que se presentarán los siguientes villancicos: “Adeste fideles” y “Mundo feliz”, en Arr. de Leroy Robertson; “Chistmas lullaby”, de John Rutter; “Fum Fum Fum”, villancico catalán; “Llegó la Navidad”, en Arr. de Mack Wilberg; “El niño del tambor”, en Arr. de Robert Sterling, y “Oh Holy Nigth”, de Adolph Adam, además de los coros del oratorio “El Mesías”, de Federico Haendel.

Reseña histórica de la Orquesta Sinfónica de El Salvador

La promulgación de la República de El Salvador se acompañó con redobles de la Banda Marcial fundada en 1841. Sus acordes acompañaron sucesos de variada índole, convirtiéndose hacia el final del siglo en Banda de los Supremos Poderes. En 1922, toma la batuta el alemán Paul Müller, quien comienza una larga gestión para convertir la banda en orquesta sinfónica. Para lograrlo, el germano reclutó a los músicos que mejor ejecutaban instrumentos sinfónicos. Aquellos tenían que tocar dos instrumentos, uno de viento o de percusión (para tocar en la banda) y otro de cuerda para la orquesta. El resto de los músicos solamente tocaba en los conciertos de banda.

El 10 de noviembre de 1922, se realizó en el Teatro Colón el histórico concierto de la Banda de los Supremos Poderes (BSP) en formato sinfónico, donde se ejecutaron obras de Mozart, Beethoven, Sarasate, Liszt y Wagner. Esa fecha marca el nacimiento de la Banda Orquesta de los Supremos Poderes, que pasó a denominarse así un año después del memorable concierto.

Desde entonces, se sucedieron en la dirección de la banda-orquesta músicos alemanes (R. Hüttenrauch) e italianos (C. Perotti), hasta que a partir de 1941, se instaló Alejandro Muñoz Ciudad Real, dando inicio al dominio de directores salvadoreños del organismo musical. Ciudad Real estudió contrabajo en México y tuvo la oportunidad de tocar en varias orquestas, dirigidas algunas por los compositores de la vanguardia mexicana Julian Carrillo y Carlos Chávez, cuyo estilo compositivo permeó la estética del músico salvadoreño. Por ello, y casi sin ninguna interrupción, los repertorios incluyeron música de autores del siglo XX. Esta estafeta fue retomada sucesivamente por otros directores salvadoreños, como Esteban Servellón, Gilberto Orellana hijo y German Cáceres, todos compositores.

En 1951, la Banda Orquesta de los Supremos Poderes se transformó en Orquesta Sinfónica del Ejército (1955) y, en 1960, pasó a ser administrada por el Ministerio de Educación. Tres años después toma la conducción de la orquesta el músico vicentino Esteban Servellón, quien se formó como compositor en Roma recibiendo cursos de dirección con el ruso Igor Markevitch, en Austria. Le prosiguió Gilberto Orellana, que realizó estudios de Licenciatura en Violín y Maestría en Composición en la Universidad de Nuevo México (USA), y de dirección orquestal con el alemán Kurt Frederick y el japonés Yoshimi Takeda; Orellana continuó fomentando la apreciación de la música contemporánea y la obra de compositores salvadoreños, a lo cual sumó creaciones de autores estadounidenses. En 1985, toma la dirección de la Orquesta Sinfónica de El Salvador German Cáceres, quien culminó la licenciatura como oboista en The Julliard School of Music de Nueva York. En ese centro obtuvo, posteriormente, una maestría y en la Universidad de Cincinnatti, Ohio, el doctorado que lo capacitan como compositor y director de orquesta. Sin importar que su trabajo iniciara en plena guerra civil, Cáceres trabajó en varios flancos abriendo espacios para el repertorio contemporáneo, lo cual culminó con la creación del Festival de Música Contemporánea, que trajo al país a numerosos intérpretes —entre solistas y grupos de cámara— y dio espacio tanto a ejecutantes como a compositores salvadoreños.

La orquesta tuvo en el cambio de siglo la participación de dos directores: El mexicano Alfredo Ibarra y el salvadoreño Joseph Karl Doetsch, quienes fungieron, por un año cada quien, como directores de la Sinfónica Nacional, después de lo cual German Cáceres se reincorporó al colectivo retomando, junto a Irvin Ramírez como director asociado, la dirección musical de la principal orquesta sinfónica del país.