“Con gran emoción me toca estar este año en una de las épocas más importantes del Teatro Nacional, honrando a todos los artistas y gestores culturales que a lo largo de los cien años han trabajado incansablemente para que la magia en este escenario pudiera hacerse realidad”, dijo el director del Teatro Nacional, Tito Murcia, al acercarse el 1 de marzo, fecha del centenario.

 

Fue un 3 de noviembre de 1911, cuando el presidente Manuel Enrique Araujo colocó la primera piedra del Teatro Nacional. El edificio —diseñado por el arquitecto francés Daniel Beylard—fue construido con el sistema  conocido como hennebique(hormigón armado) e inaugurado el 1 de marzo de 1917, por el presidente Carlos Meléndez.

Edición del 2 de marzo de 1917 de el Diario Del Salvador, en donde se encontró la noticia de la inauguración del Teatro Nacional.

 

“Para probar las propiedades acústicas del teatro un flautista de la Banda de Santa Tecla tocó una melodía, la que fue escuchada con deleitación por los dilettantis. El mágico sonido rodaba dulcemente por todos los ámbitos del gran coliseo nacional”, reza un extracto de la noticia aparecida el viernes 2 de marzo de 1917, en el Diario Del Salvador.

 

 

El Teatro Nacional tiene una fachada principal y lateral de 45 metros de longitud.  Su altura desde la acera al parapeto es de 17.43 metros y al techo del escenario es de 25.94 metros, según la ficha arquitectónica elaborada por la historiadora del Arte, Astrid Bahamond.

“Al estilo del Teatro Nacional se le ha denominado renacentista francés, pero realmente es neorrenacentista y ecléctico. Esto debido a que posee varios estilos combinados en algunos elementos constructivos y arquitectónicos”, detalla Bahamond.

Desde su creación,el Teatro Nacional fue escenario de óperas italianas, zarzuelas, dramas, conferencias científicas, conciertos de caridad y filmes cinematográficos importantes. Su capacidad es de 650 asientos, distribuidos en tres niveles entre los cuales destaca el exclusivo palco presidencial.

Pero hubo una época en que el monumento estuvo en ruinas, por el mal uso que se le dio a sus espacios, utilizados por años como oficinas de los Juzgados de Paz, alcaldía, policía municipal, biblioteca, Radio Nacional y hasta como sala de cine.

Director de Teatro, Roberto Salomón.

El director teatral y Premio Nacional de Cultura 2015, Roberto Salomón, cuenta que en 1975—cuando fungía como director del centenario espacio—,decidió que había que “salvar” al teatro de la ruina en que se encontraba. “Cada quien había colocado maderas y creado su propio espacio con candado. ¡Hasta se alquilaban cuartos por hora!”, recuerda.

El artista rememora que, con el apoyo de Carlos de Sola, entonces director general de Cultura, y de Alberto Zúñiga, viceministro de Cultura Juventud y Deportes, pidieron a Rogelio Sánchez, ministro de Educación, que convenciera al presidente Arturo Armando Molina de la importancia de la remodelación.

Una vez aprobado el proyecto, se contrató a Ricardo Jiménez Castillo para la obra arquitectónica, a Simón Magaña para la decoración, a Carlos Cañas para la elaboración de murales y pinturas, a Negra Álvarez para los acabados en repujado de cobre y a Roberto Salomón para el escenario contemporáneo.

 

La artista plástica Negra Álvarez junto a una de sus creaciones.

“El equipo consigue que artesanos que habían dejado sus especialidades por falta de demanda, puedan nuevamente ejercer su profesión. Se interviene el edificio para volverlo compatible con las necesidades técnicas actuales, sin perder su estilo original”, recuerda Salomón.

 

Como parte de la remodelación, se botaron escaleras sobre tres pisos para crear las salas aledañas (Pequeña Sala, Café Teatro y  Sala de Cámara) y se descubrieron los mármoles que habían sido encementados. Algunos de los muebles fueron elaborados en el teatro, el resto fue importado desde Estados Unidos: Alfombras, butacas (imitando la línea Thonet), atriles y tapices.

 

“Varias embajadas, sobre todo la de Japón, suplen los equipos técnicos sofisticados. Durante dos años, se trabaja noche y día para convertir al Teatro Nacional en la joya que es hoy, orgullo de todo el país”, dice Salomón.

 

Reinaugurado en 1978, el Teatro Nacional cuenta conuna cúpula elipsoidal que contiene un impresionante mural del pintor Carlos Cañas, combinado con una lámpara de cristal.El edificio fue nombrado Monumento Nacional en 1979, por la Asamblea Legislativa.

 

Tras años de calma y esplendor, el edificio volvió a sufrir daños con los dos terremotos de enero y febrero de 2001—había resistido la embestida de los terremotos de 1917, 1932, 1965, 1982 y 1986—. Su reparación se llevó a cabo del 2003  al 2008, año en que se reinauguró.

Además de artistas de talla internacional, como el guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré (julio de 1933), en la Gran Sala del Teatro Nacional se han presentado artistas nacionales como el Ballet de Alcira Alonso, la Compañía Nacional de Danza, la Orquesta Sinfónica de El Salvador y el Teatro Hamlet, entre otros.

Entre sus directores, destacan importantes figuras del ámbito artístico como el  compositor Manuel Carcache, la directora de teatro Tatiana de la Ossa, el dramaturgoÁlvaro Menéndez Leal y el cineasta André Gutfreund.

El espacio recibe cada mes a unas cuatro mil personas, que además de ir a ver los espectáculos quieren conocer la joya arquitectónica. Lejos quedan ya los días de abandono del monumento, que fue utilizado hasta de dormitorio.

“Pienso que el Teatro  no le pertenece a ningún gobernante, a ningún funcionario o directores que pasaron y pasaremos. Es de los artistas, de los gestores, los productores, los directores de danza y teatro, los dramaturgos,  los músicos, los bailarines, los técnicos, los investigadores, los críticos, los intérpretes. Es del público, que es la razón de ser de este espacio histórico y emblemático”, puntualiza el director Tito Murcia.